Biblioteca Casanatense

“Y ahora, un consejo de amigo. A la izquierda, antes de pisar la Piazza del Collegio Romano, se abre la Via di San Ignazio. En el número 52 se esconde, literalmente, uno de los prodigios romanos menos conocidos: la Biblioteca Casanatense, que hasta el siglo XVIII fue una de las mejores del mundo .

La fundó el cardenal Casanate (1620 – 1700), dominico, nacido en Nápoles en una familia de origen navarro, los Aoiz; fue gobernador de diversos territorios papales, inquisidor en Malta y bibliotecario de la Santa Iglesia Católica. Gracias a su cargo de archivista vaticano acumuló libros preciosos, que unió a los heredados de su padre en una colección fabulosa, que hoy reune más de 350.000 volúmenes antiguos, entre ellos 6.000 manuscritos y 2.200 incunables, además de la mejor colección de edictos papales.

La sala principal de la Biblioteca Casanatense es una de las estancias más bellas de Roma. Entrar es gratis. A las 9 y a las 3 (conviene confirmar) hay visitas guiadas.”

Historias de Roma

Enric Gonzalez

Fui a visitar la biblioteca, no recuerdo a que hora, una señora bien arreglada como recien salida de misa me pregunta que quiero. Le digo que he leido que tienen una sala principal bonísima. Resopló y de mala manera me indicó la dirección.

Era el único visitante de la Biblioteca Había un grupo de mujeres que parecian pertenecer a una asociación religiosa, muy bien vestidas y elegantes bebiendo vino en vasos de plástico y celebrando algo. La visita fue un poco incómoda pero mereció la pena.

Habían expuestos unos tratados de botánica y jardineria. Despertó mi interés la palabra droga, pero resultó que hablaban del té.

Entre el tufo a cumpleaños de niño pequeño y la mirada de las mujeres descubrí, ojeando los primeros diarios que exploradores traian a Europa de nuevas tierras, que el té verde y el té negro vienen de la misma planta. Hasta ese momento se consideraban dos plantas diferentes. De eso habla el libro que encuentra bajo este texto.

1 comentario en “Biblioteca Casanatense”

  1. […] Entrar en la Biblioteca Casanatense. Tomar un expresso en el Caffé de San Eustachio que está al lado del Pantéon. Ir a la plaza de San Pedro para ver un Vaticano más cutre y realista, como un conjunto de oficinas lentas y anticuadas que administran esa suerte de paraiso fiscal. Reir con el elefante de la Piazza della Minerva, comprobar que efectivamente hay un pie gigante abandonado en una esquina del centro de Roma, y por qué no curiosear, o incluso comprar, en la misma sastreira que el Papa. […]

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